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Precariedad y esperanza en los bosques de Guanajuato

En las cercanías de la Sierra Gorda entre la frontera de los estados de Guanajuato y Querétaro se asienta la comunidad “El Huamúchil”, perteneciente al municipio de Xichú. El centenar de habitantes de la comunidad es testigo de la forma en que los árboles de la región se perdieron en un tiempo muy corto; incluso su prestigio como productores de orégano y damiana es un recuerdo de lo que antes daba trabajo y sustento a sus familias. Sin embargo, el ánimo se mantiene en alto.

Patrocinio Díaz Galván, actual Presidente de la Cadena Productiva de Damiana y Orégano de la Sierra Gorda, comenta que en 50 años una actividad que sostenía a las familias del ejido vino a menos, que lo poco que se produce es malvendido y en algunas ocasiones hasta se pierde por las condiciones de sequía imperantes en la región.

A pesar de que el grupo de productores no pierde su ánimo, ellos saben que ahora el compromiso por retomar la actividad se complica; el desarrollo que presentan otros estados en el aprovechamiento de estos recursos forestales para competir en el mercado los pone en una situación difícil, pero la materia prima puede devolverlo a los primeros planos regionales.

Los cuatro macizos forestales de la entidad identificados por documentos como el Programa de Desarrollo Forestal de Guanajuato, revelan serias pérdidas de hectáreas de bosques en el transcurrir de la historia, afectados por el sobrepastoreo, el cambio de uso de suelos forestales a agrícolas y la tala indiscriminada, como factores determinantes.

Mientras acomoda en su hombro el orégano que colectó ese día, el señor Patrocinio narra que su hijo y sus sobrinos prefirieron emigrar a la ciudad texana de San Antonio, ya que si se quedaban en el rancho su destino sería el de cortar “esas hierbas”, como le llaman a los recursos no maderables que les otorga el precario bosque que tienen.

En el camino al noreste de Guanajuato hay otras comunidades con un estilo de vida similar al de Xichú, pero ahí los dueños de terrenos forestales iniciaron con un proceso de recuperación de bosques, reforestando con especies inducidas que son preferibles por su fuerza para resistir los cambios drásticos del clima, como la falta de lluvia y el incremento de las temperaturas.

En esa zona los habitantes de este ejido aprendieron que los recursos naturales no son eternos. Con una tierra desértica, infértil, erosionada, han invertido años de arduo trabajo para recuperar la productividad, pero esto es uno de los compromisos que adquirieron y están dispuestos a integrar a más personas en estos proyectos.

Por lo pronto, así como lo cuenta Patrocinio y tal como lo describen los estudios, los bosques fueron una herencia de nuestros ancestros, a los que les exigimos más de lo que nos daban. “Mis abuelos nunca fueron a la escuela, jamás pensaron en irse de su tierra, pero tuvieron la capacidad de vivir en armonía con los bosques”, dice Díaz Galván. Ahora, agrega, el tiempo es un factor en contra, ese que no perdona y nos entrega el resultado que se nos corresponde.

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